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jueves, 4 de febrero de 2010

Sartre y su existencialidad...

El verdadero espíritu de la obra de Sartre es el tema de la libertad. Se trata de darle la absoluta responsabilidad al hombre sobre su existencia y descartar cualquier supuesto que indique una moral objetiva externa o una esencia definida.

Sartre reniega de las reglas impuestas como normales o morales y considera que alinearse a ellas es indecente

El hombre se elige a si mismo quien quiere ser, porque es plenamente libre.

Debe abandonarse a la propia convicción y lógica, eliminando todo lo que tenga incorporado de la sociedad y los dictados externos, influencias familiares y profesionales, y de la tradición o religión; y renunciar al pasado, porque el pasado está muerto y fosilizado.

Sartre quiere mostrar que la existencia puede ser cualquier cosa, que no existe la estabilidad y que todo cambia constantemente aunque nos aferremos a supuestos absolutos.

En la existencia sólo hay lo que hemos moldeado nosotros en ella, es decir algo contingente y gratuito. Esta experiencia de absurdidad de la existencia es la nausea, el asco hacia este mundo de confección y la ausencia total de necesidad de la existencia.
La nausea según Sartre nos permite descubrir el fondo del Ser y esto es lo que nos conducirá a una nueva cosmovisión.

Sartre vuelve sobre la filosofía de Heidegger no sin antes analizarla en algunos aspectos.

La nausea es el sentimiento de asfixia que produce el descubrimiento de la existencia y es la angustia la que me revela como conciencia de objeto y de acto que no precede a la propia existencia, y me convence que la nada es la que acosa la existencia.
La libertad tiene como fundamento la nada, como posibilidad para ser, por la conciencia, que me obliga a ser libre eligiéndome a mi mismo y sin poder contar con nada más que conmigo mismo
Solamente puedo renunciar a mi libertad si actúo de mala fe, que es lo que hacen los indecentes, los que actúan según normas objetivas, sin convicción propia.
El hombre que renuncia a la libertad se convierte en una cosa y termina siendo un objeto.
La libertad es difícil de llevar porque coloca en mí toda la responsabilidad de mis actos y los actos del resto del mundo, porque al actuar estoy habilitando a todos a hacer lo mismo. Pero es el único valor absoluto, y sólo por la libertad existen otros valores.

El ser de un existente es lo que parece, es el fenómeno que se revela tal cual es. La aparición es toda la esencia, puro acto, sin potencia ni virtualidad.

El ser es para revelar, no revelado y la conciencia es la experiencia misma.

La conciencia es revelación, revelada a si misma, de un ser que se presenta existiendo.
El ser por lo tanto para Sartre es increado, innecesario, sin propósito, y sin causa.

La mala fe significa mentirse a si mismo y creerse esa mentira. Los valores existen por mi y para mi, y por esta razón no tengo excusas.

Esto es lo que produce la angustia cuando nos damos cuenta que los valores no pueden existir si no los cuestiono, porque mi libertad me da la capacidad de invertir la escala de valores.
El hombre tiende a escapar de la angustia, intenta no ver su conciencia pero le es imposible evitarla sin verla. En ese caso es la angustia que es a la vez la forma de la mala fe.

Hoy, publico este articulo hecho por ( no encontre el nombre del autor..) mas que nada es el fundamento del pensamiento del filosofo JEAN-PAUL SARTRE.

La intencion es postear una serie de filosofos y pensadores con los que me identifico y  que muestran la verdadera escencia del hombre. Nombres como Diógenes, Nietzche, Antístenes, Socrátes, entre otros desfilaran mostrandonos que las extravagancias del hombre actual no nos dejan nada que decear. Que la naturalidad del hombre es mejor a todas esas poses prefabricadas que dia a dia tenemos que soportar...

1 comentario:

  1. Yo en lo personal te recomendaría a descartes con su filosofía de: "pienso, luego existo".
    Ademas concuerdo contigo la gente y lo que supone ser, no se en otros países pero en México y eso del regueton es insoportable por no decir otras palabras.

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Algo te trajo hasta aquí hoy.
Llámalo destino o casualidad.
Pero... haber llegado hasta aquí y no dejarme algo de ti,
es como si este momento se perdiera para siempre.

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